Día: 29 de enero de 2026
Obra: "Las pequeñas virtudes". Autora: Natalia Ginzburg
Natalia Ginzburg (Palermo, 1916 - Roma, 1991) fue una autora y política italiana polifacética, de origen judío y firmemente antifascista, al igual que su marido, Leone Ginzburg. Las vidas de ambos estuvieron marcadas por el exilio. Ginzburg fue una mujer optimista y vital, con una gran capacidad para escribir lo que pensaba y expresarlo con naturalidad y sencillez. “Las pequeñas virtudes”, publicado en 1962, es una colección de once ensayos autobiográficos.
En la primera parte, durante el exilio describe la soledad, la espera y la pobreza en “Invierno en Abruzos”. Es un texto melancólico: una época que antes le parecía monótona y que, tras la muerte de su marido, es cuando se da cuenta de que había sido la mejor de su vida. Con el relato “Los zapatos rotos” muestra como la carencia de recursos moldea el carácter, la manera de mirar el mundo, las relaciones con los demás, y las huellas que deja esa experiencia incluso cuando la pobreza ha quedado atrás. También, la autora rinde homenaje a Cesare Pavese, construyendo un relato íntimo y sobrio, en “Retrato de un amigo”. A través de sus recuerdos, refleja la soledad, el silencio y la fragilidad del escritor, así como su visión trágica de la vida, estableciendo un paralelismo entre el carácter de Pavese y la ciudad de Turín, que tanto amó y despreció. A través de su mirada extranjera, en “Alabanza y menosprecio de Inglaterra”, reflexiona sobre las diferencias culturales, combinando elogio y crítica: destaca la organización y la riqueza cultural del país, pero también la frialdad de sus relaciones humanas y la rigidez social. Uno de los capítulos más divertido es “Él y yo” donde retrata con humor y seriedad las diferencias y la convivencia con su segundo marido, mostrando los choques de caracteres, de gustos y de cultura, logrando encontrar un equilibrio en esa discordancia.
En la segunda parte, en el relato “El hijo del hombre” narra los sentimientos de quienes son perseguidos desde los primeros años del fascismo. En “Mi oficio” cuenta su evolución como escritora, sus equivocaciones y cómo, en sus inicios, quiso escribir como un hombre. Describe su vocación íntima, más ligada a una necesidad vital que al éxito. Ginzburg reflexiona sobre “El silencio”, como uno de los vicios más graves de su época. Distingue entre el silencio interior y el que se da en relación con los demás, y analiza las estrategias que las personas emplean para huir de él. El silencio puede ser tanto un refugio como una forma de distancia capaz de destruir las relaciones humanas. El mayor riesgo de los vínculos es el estancamiento, y así relata cómo la historia de “Las relaciones humanas” no está jamás acabada en nosotros, cuando las relaciones se vuelven demasiado naturales y fáciles, pierden su riqueza y se transforman en rutina y costumbres.
Finalmente, en “Las pequeñas virtudes” sobre la educación de los hijos, la autora nos dice que no debemos enseñar las pequeñas virtudes: prudencia, ahorro, astucia, diplomacia o deseo de éxito, que forman a seres mediocres; sino las grandes virtudes: generosidad e indiferencia respecto al dinero, valentía, amor a la verdad o el deseo de saber y ser, que forman seres humanos íntegros. Y concluye que para ayudar a los hijos a encontrar una vocación, es esencial “tener una vocación nosotros mismos, conocerla, amarla y servirla con pasión, porque el amor a la vida engendra amor a la vida”.
Redacción de la reseña: Mª José García del Real





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